Noche de año nuevo, con flor
muerta en el florero, sin las estrellas
del viejo enero, cerca del mar
pequeño, beberán vino seco,
con cero comprensión de ese
nuevo siglo.
Lo malo del tiempo es que se
ha marchado con poco ruido y sin
anuncio, como así había venido
en el principio del año, viendo
volar mariposas extranjeras.
Un problema sin soluciones,
provocando el temblor montañoso,
deseando una luz esperanzadora,
porque el susto no gana con fuerza,
triunfa cuando lo dejas entrar.
Hoy fue el día productivo,
guardando los fruteros nacidos,
el sabor fresco alivio el estrés,
dejando en su espacio vacío,
un poco de descanso eterno.