Marmórea capa de frío manto,
donde el cincel esculpe la memoria.
Guarda el silencio de su breve historia
de aquellas almas a las que quise tanto.
El tiempo pasa, pero no devora
el dulce aroma de lo compartido.
Un tierno lazo que jamás se ha ido
en esta mente que por ellos llora.
Su luz en mi camino permanece,
ajena a la distancia y el olvido,
salvando del dolor lo que he vivido,
la gratitud que con los años crece.
Me queda su lección y su templanza,
el rumbo que marcaron sus estrellas.
Yo sigo caminando por sus huellas
con el alma teñida de esperanza.
Aquí reposa el eco de sus nombres,
dos almas que la tierra ya reclama.
Más allá de las leyes de los hombres
vive el fuego sagrado de su llama.
Classman