Bajo el cielo azul y brillante,
canta alegre el ruiseñor,
la mañana sigue adelante,
llenando el campo de color,
y despertando cada flor.
Corre el río entre las piedras,
reflejando la luz del sol,
mientras las hojas más tiernas
bailan con suave arrebol,
al ritmo de un dulce farol.
La tarde pinta el horizonte
con tonos de oro y coral,
y el viento cruza el monte
llevando un canto natural,
sereno y siempre especial.
Cuando la noche ha llegado,
las estrellas dan su fulgor,
el mundo queda calmado
bajo un manto soñador,
lleno de paz y amor.