Claudio M. López

¡Oh, Roma!

Dejé palomas en duelo

a la vera de tu río,

y un mayo de ocaso frío

las hizo mármol en vuelo.

Guarda tú, oh Roma, el desvelo

que Victoria lloró esclava;

yo he de penar mi Etna en lava,

allende pino y muralla,

donde mi garganta calla

lo que en mi pecho se clava.

 

 

Claudio M. López ©