Dejé palomas en duelo
a la vera de tu río,
y un mayo de ocaso frío
las hizo mármol en vuelo.
Guarda tú, oh Roma, el desvelo
que Victoria lloró esclava;
yo he de penar mi Etna en lava,
allende pino y muralla,
donde mi garganta calla
lo que en mi pecho se clava.
Claudio M. López ©