Dprila

Soledad

A veces la soledad no es estar sola, es estar rodeada de gente y aun así sentir que no perteneces. Es llegar todos los días creyendo que lo estás haciendo bien, hasta que, sin aviso, todo vuelve a ese lugar que tanto temías: ser señalada.

Por tu forma de ser.
Por tu forma de hablar.
Por sentir demasiado.

Y entonces aparece la pregunta que nadie responde: 

¿por qué tengo que cambiar yo?

¿Por qué debo apagarme para que otros no se incomoden con mi luz?

Siempre soy yo la que tiene que bajar la intensidad, la que tiene que suavizarse,
la que tiene que encajar en moldes que no le pertenecen. Y duele… porque te va volviendo pequeña, te va haciendo dudar,
te regresa a esa versión insegura que creías haber dejado atrás. Y aún así, llegas a casa intentando ser fuerte, intentando demostrar que puedes con todo, cuando en realidad
sigues siendo esa niña sensible que llora por lo que siente.

Te dicen que no te lo tomes personal, pero ¿cómo no hacerlo? si tú jamás serías así con alguien, si tú nunca juzgarías
sin conocer primero el alma. Pero el mundo no siempre funciona como tú lo haces.

Y eso…
eso es lo que más duele.