Suena un cricrí,
se acelera
y persiste.
Arriba,
la luna menguante
ha dejado de mecerse.
A lo lejos
los pardales
despiertan en sus nidos
y las olas se bambolean
con el ritmo de la noche.
Se ha callado el grillo
y el mar es una ola
que se balancea
como la cuna de un niño.