Rosa Maria Reeder

IV. El Silencio del Sagrario

Dios escondido en un pedazo de pan,
en un silencio blanco y reverente,
donde solo el amor es el que siente
y el alma escucha lo que no se dan.

No hay trueno en tu voz, no hay majestad
que deslumbre al que llega pobre y doliente;
solo tu mirar que todo lo entiende
y espera en paciencia de eternidad.

Allí te quedas, pan de vida y escuela,
manso Cordero que por mí te quedas,
como semilla oculta bajo tierra.

Silencio que fecunda y que consuela,
donde tu corazón, sin que lo veas,
late por mí en callada primavera.

Rosa María Reeder

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