Chico

Arquitectura del deseo

Tus besos son como el sol:

alumbran
y queman.

Vaya memoria traicionera.

Te intrometes en mi paladar
como el mole.

Indescifrable.

No por sus ingredientes,
sino por la forma
en que el deseo aprende
a construir sus propios aromas.

Arquitecta del deseo.

Sutil como el saúco,
profunda como el cedro.

Tus besos
son un golpe
que acaricia mis labios.

Fluyen
como un tinto fino,
y desaparecen
igual que el último sorbo de café,
dejando una larga autopista amarga.

Entonces vuelve la calma.

Y, con ella,
uno a uno,
regresan nuestros aromas:

la resina,

la tierra mojada,

la madera,

la hierba.

Como quien entra en un bosque
y descubre
que ningún árbol
explica el paisaje.

Así vuelven tus besos.

Como el mole,
negándose a morir
en mi paladar.