Los humanos,
No somos dignos de vivir,
por aquello la desgracia nos persigue,
Nos tortura y nos dejan sin aliento.
Nacemos con la nostalgia en los huesos,
A veces rotos, a veces viejos
Pero entre los alpes ocultamos la inseguridad,
La reservamos para nosotros.
En silencio callamos, en silencio reímos y al final en silencio también morimos.
Entre sus brazos nos acuna
Las desgracias y miserias,
Y pobre de aquel que llore,
Pues está es una traicionera,
Y en tu espalda se aferra.
Te hacen perder la cordura, la cabeza.
Te obliga a actuar con torpeza.
Pobre de aquel que se atreva a enfrentarla.
Pero, ¿que más da?
Si en realidad,
Está nos persigue por cada rincón que pasamos,
Por cada particular que en nuestro cuerpo habita.
El sonido del mundo.