Grandes crepúsculos de marginados,
de discapacitados no reconocidos,
de ancianos que ya no sueñan,
de niños acosados por otros niños.
Los discapacitados no reconocidos
viven entre el miedo y los prejuicios,
cargando heridas invisibles,
en una lucha de cristales y techos.
Los ancianos sabios que ya no sueñan,
demasiado solos, demasiado olvidados;
ya casi nadie escucha sus consejos,
mientras el tiempo borra sus legados.
Los niños marcados por extrañas dolencias,
por déficits, etiquetas y diagnósticos;
entre miradas, juicios y sentencias,
reflejan las grietas de una sociedad enferma.