Sigo el rastro tibio de tu voz
en la piel de mi silencio,
mientras la tarde se desnuda
y tus sombras me van llenando.
Mi alma se dobla hacia tu cintura
como un río que conoce la pendiente,
y en cada latido encuentro
la curva exacta donde reposas.
Después del fuego, la calma.
Tu espalda se pega a mi pecho,
El calor que aún respiras
habita cada hueso, cada rincón.
— LMML