Miraba con celos a los
hombres que aman a su amada,
él quería mostrar su dominio,
gritar que ella era suya, pero
no hizo escándalo por ella.
Detestaba las sonrisas que ofrecían
a su reina, con su espada quería
cortarles la lengua, sería un
capricho cometer tal homicidio,
él lo sabía y no le importaba
el castigo.
Su respiración se detenía,
al sentir los besos de ella,
comprendía bien la distancia
que ambos tenían, él era un caballero
y ella una princesa, no eran iguales.
Cumplía sus obligaciones sin
oponerse a nada, todo lo hacía
para no ser reemplazado, quería
ser el protector de su doncella,
ella era suya y él le pertenecía a ella.