Felipe de la Mata

ASFIXIA. OBSERVA. TOLERA

I
ASFIXIA

¡Maldito miedo a las mañanas!
Esas que pesan.

¡Maldita el hambre de nada!
Que crecía
cuando la luz
llegaba tarde.

Y, a pesar de eso,
respiraba:
una y otra vez.
Respiraba.

Dolor.

El vacío
me llenaba la boca
de sal.

No soportaba el ruido de vivir.
Aquel que, entonces,
solo a Dios y a mí
ensordecía.

II

OBSERVA

Mira qué sabio es el gato.

Ahí está, quieto.
Esta mañana, inmóvil,
en el rincón de sol.

Se lame la pata,
se acicala sin ira.

¿De qué me perdonas, gato?
¿De haber querido morir?
¿O de seguir aquí
como si nada hubiera pasado?

Te pediría perdón
si este nudo en la garganta
lo permitiera.

Pero el dolor
no me abandona:
permanece quieto
adentro de mí.

Gato,
solo tú pareces
no temerme.

Yo temo
a aquel que en el espejo
ya no reconozco.

Y, si me sincero,
confieso que temo
a la muerte,
que anhelo.

III

TOLERA

Unas manos.

Esas manos blancas
que devuelven la infancia.

Unos labios.

Esos labios que
saben a la nieve de fresa
del carrito de niño.

Unos ojos.

Esos ojos me iluminan
como el sol
al andar en patines.

Un dolor.

El dolor que no cede,
que no se borra,
pero que ahora tolero.