No dejas que me suelte
y me agarro con agua bendita
a todos los mares que nos abarcan.
Tanto tiempo olvidada,
con sentimientos efímeros
que marcaban la línea roja,
pero hay terrazas
con sabores de Luna,
azul que araña el arte
con el viento del verano,
que no se rompe y que exige,
que crece en tus ojos
cuando el coraje del alma
quiere más que el corazón.