El adiós sereno
Ya todo está cumplido: mi llanto, mis batallas,
la herida que en silencio bebió mi larga vida;
el duelo sin palabras, la pena no advertida,
y el peso de la sombra que hundió mis atalayas.
No guardo los rencores, ni busco más medallas;
me entrego al horizonte con fe desvanecida,
y siento en esta marcha la tregua bendecida,
con manos extendidas, con brazos sin murallas.
Ya no me queda miedo, me visto de sosiego,
despido los inviernos, la culpa, la caída,
y viajo hacia lo eterno con paso lento y ciego.
Que quede atrás el mundo con su fugaz medida,
yo duermo entre las olas del mar a donde llego,
y hallo en su inmensidad… la paz jamás vivida.
Autor: Andrés Navarro Garrido