TURISMO DE INTERIOR
La carretera se estrecha sinuosa entre lomas,
barrancos y abundante naturaleza de pinos a ambos lados,
hasta llegar al conjunto de las casitas abandonadas, solas
desde hace mucho, que se van cubriendo de maleza
y de hierbajos, los chalés de quienes trabajaron en la presa,
del ingeniero jefe y de sus ayudantes más cercanos.
Se extiende alrededor una sombra abundante
pues la empresa se encargó de acomodar
lo mejor posible al personal del ingeniero.
Y unos metros después y siempre bajo la columna
de los árboles ornamentales, de los pinos y los eucaliptos,
se abre la vista al lago artificial azul intenso,
hasta las lomas que se elevan por el otro lado,
con la pared tan alta de la presa,
tan de cemento, tan como a punto de arrojarse
por sí misma al precipicio.
Un mar improvisado tierra adentro
en contraste con un cielo limpio
de nubes, pero de un azul muy diferente.
Y en el fondo y curso abajo
un hilillo de agua que apenas se desliza, es decir, un río
de verano, uno que apenas da de sí
para empujar el caudal mínimo.
El aire huele intensamente a bosque
de secano, a cobertura vegetal,
y las cigarras
saben, sin duda,
cantar con nitidez este verano.
Gaspar Jover Polo