Dicen que un hombre roto es peligroso,
porque ya no teme perder nada:
se le cayeron los muros que lo protegían,
se le deshizo el nido donde descansaba el alma.
No le asusta el abismo ni el filo del viento,
no le duele el golpe que antes lo doblaba;
lo que le quitaron, ya lo dio por perdido,
y en su vacío mismo, encontró su espada.
No lucha por tener, ni por conservar,
su paso es firme porque ya no tiene prisa;
cuando nada se posee, todo se soporta,
y el miedo se muere si no hay nada en riesgo.
Puede ser tormenta o calma profunda,
justicia severa o mano que se entrega;
un hombre roto es peligroso,
porque nunca sabes si se dejará seducir por la oscuridad,
o aprenderá de sus heridas.