La maraña
Nadie elige en qué nacer,
mas la cuna determina
si la vida es dura o fina,
si hay derecho o hay deber.
El mandato de perder
es impuesto en el abismo,
y hasta el hombre, por sí mismo,
busca pan, se sacrifica,
mientras el rico predica
su poder y su egoísmo.
Mas no calla el que ha sufrido,
ni se arrodilla el quebrado;
el hambre tiene un costado
donde el puño se ha encendido.
Si la cuna es el olvido,
la mirada es la justicia
que desnuda la codicia
del que esconde su riqueza;
el que nace en la pobreza
no obedece, solo inicia.
Y esa chispa que se enciende
no se apaga en el fracaso;
el que empuja paso a paso
mueve el mundo y lo trasciende.
No es la cuna la que entiende
el valor de la fatiga,
sino el brazo que la liga
a la lucha de su gente;
pues el rico, en su presente,
teme al hombre el pan consiga.