Un poema surge con
las olas que se arrastran
y rompen al llegar
a la orilla.
Surge
de la abeja
embriagada y perdida
en el mar de oro de una flor.
Surge
cuando la sal de mis ojos
corroe la herida,
o cuando me sumerjo en el fondo
de esta soledad,
en busca de la perla
perdida.