Janna Desiree

EL COSTO DE ELEGIRSE

Me costó largo tiempo entender, que algunos silencios son más que ausencia, más bien son evasivas respuestas. Que la indiferencia es más que cansancio, es un grito ahogado, es rendirse antes que intentarlo.

Me costó todo el amor que tenía, entender que la voluntad es acción y no intención. Que sin voluntad las palabras no son más que ruido, no se las lleva el viento, se las lleva el humo de la llama que un día se apagó por descuido.

Me costó la culpa, entender que la verdad es más que solo decirla, y que cada quién construye la suya. Cada quién cuenta la historia que le permite irse sin cuestionar, sin entender, sin aprender. Que no es posible escuchar cuando solo se quiere tener la razón o defender su propio relato. 

Me costó la ilusión, comprender que es más fácil señalar, que verse las propias heridas para sanar. Que es más fácil juzgar que incomodarse para entender. Que elegir lo más fácil implica reemplazar en vez de reconstruir. Engañarse a veces es la mejor forma de huir. 

Me costó el insomnio, comprender que no importan los años, o los daños. Al final un clavo no saca otro clavo; el nuevo clavo no podrá sostener jamás el castillo imaginario.

Por lo pronto, hoy regreso lo que me fue entregado, silencio, ausencia y renuncia; no porque quiera, sino porque quedarme me costó todo lo que tenía en las manos, el costo de querer quedarme me estaba dejando sin aire, dejé de solo entregar lo que tenía y empecé a canjearme por migajas de amor. Nadar contra la corriente me estaba despellejando hasta desaparecer, dejar de verme de reconocerme.

Así que me rendí, y ya sin nada que perder, aposté por mi.