Junio del 26.
Jugaba “la verde”.
No recuerdo el marcador,
pero sí que te vi
con ese vestido de hincha.
La boca entreabierta
en una porra
que no alentaba solamente
a la patria.
Tu risa recorría
las gradas de cemento de Guadalajara.
El balón rebotó
hasta llegar a nosotros.
Lo mejor de ese juego
nunca fue el gol,
sino tu llegada al área.
Volví contigo.
El grito todavía en la boca.
Al llegar el silbatazo final
todo el estadio coreó.
Yo había ganado.