Muertas yacen en mi boca
las preguntas que hubieran sanado la incertidumbre
que en la duda de ser formuladas
respondían más que siendo anunciadas.
Rotos y mordidos los labios
entintados con desvelo y nicotina
filtrando un halito a carbón y saliva
residuos estancados de promesas
avisando la agonía muda
de un cadáver que quiso ser alma.
Se partió la lengua, cansada
de suplicar intentos,
que lamió el frio de la indiferencia,
hubo el tiempo donde sostuvo oportunidades
llegando a ahogarse en ilusiones
para hoy rascar un paladar quemado
raspado de tanto comer pan añejo.
El viento ya no escucha
lo que te mandé a decir
las hojas ya no guardan
frases de tinta dura
ni se manchan con declaraciones.
No hay regla en los idiomas
que permita deletrear el vacío,
la nada caligráfica
con la cual chocan las aspiraciones del habla
discursos, despedidas o rezos,
pues aquí perecerán las últimas letras
que algo de sed saciaban.
Ya no hay rimas ni fonemas
solo suspiros sin vocales
un poema ilegible, indeclamable
casi prohibido como si de una confesión se tratara.
Aquí dejo una narrativa
hecha con imágenes de la memoria
que intentaron ser palabras
cuando de la boca
solo se tosía silencio.