Me preguntas que por qué te quiero.
Yo respondo que ha fallado
el alumbrado público, que ha sido un lío
el cableado enredado…
Y preguntas que por qué te quiero.
Te respondo que de alguna forma
ha de ser feliz el concreto
calentándose bajo el sol…
Que por qué te quiero, me preguntas.
La ropa tendida desde ayer está por secarse,
te respondo…
Y es que son tan tuyos tus labios, tan tuya tu mirada,
tan propiamente tuya tu presencia de cacahuates con sal,
que todo lo que ocurre a tu lado encuentra su sitio…
¿Que por qué te quiero?
Porque el día está fresco,
o caluroso, o porque ha comenzado a llover;
es decir, porque ni modo de no hacerlo.