Claudia tiene tu nombre ecos imperiales,
y en tu rostro revolotea la nobleza,
en tu mirada dulzura con atisbos de bravura.
Subirás empinadas crestas,
hollarás elevadas metas.
Tu espíritu ardiente, tu ánimo impaciente,
dibujarán un futuro sorprendente
y plantarán, de logros inmortales, la simiente.
Ahora tal vez no vislumbres
las bellas y altas cumbres,
donde el destino te llama,
pues te seguirá, como una sombra, la fama.
Cuando me veas en tu memoria,
acuérdate de mí sin pena,
entre bromas, juegos y risas,
y un regalo: la perla de tu sonrisa.