El cielo se corona de vestigios,
el sol en el ocaso va muriendo,
y en hilos de rubí se va tejiendo
el manto de los últimos prodigios.
Se apagan de la tarde los litigios
que el firmamento en calma va encendiendo.
La blanca nube en fuego va esculpiendo
en el cenit destellos de prestigios.
Arrebol que en la tarde te derramas
con tu herida de luz, ardiente herencia,
antes que el manto de la noche caiga.
Efímero crisol de rojas llamas,
que pintas en el alma tu elocuencia
y al corazón la calma le contagia.