David Eduardo

Poema de la desgracia

Hoy me ha defecado una paloma.

Caminaba por el parque

cuando de pronto sentí algo tibio

sobre mi hombro, sí, 

me había cagado una paloma.

 

Lo primero que me llegó a la mente

fue esa ira acumulada

en mis adentros; como la espuma

poco a poco se eleva hacia la cabeza

y todo el mundo me pareció desagradable.

 

¿Por qué permito que un pequeño evento

así me controle?

¿Por qué me dejo llevar por los mares de la furia

por algo que sencillamente pasó?

Porque así como me ocurrió a mí

le pudo pasar al niño de a lado,

o a la mujer embarazada que recibió

un mensaje de su marido abandonándola,

o al joven que le acaban de diagnosticar cáncer,

o al pordiosero que busca comida a diario.

 

¿Por qué algo que no puedo controlar me enoja tanto?

No es que no pueda evitarlo,

sino que estuve en el momento equivocado.

Y aun así, me da tanta rabia

el volver a lavar mi camisa,

el olor que desprendo,

o el desagrado que aparento

porque sí, el sentir la mirada asqueada

de las demás personas; sus burlas o

sus señalamientos me enojan más y más.

 

Aunque debo reconocer que detrás mío hubo un accidente

y en realidad

no es a mí a quién miran, sino al siniestro

que ocurrió después de la cagada.

 

Quizás deba de relajarme un poco

y no ser tan serio,

hay personas que pasan cosas

más desastrosas

y yo quejándome de esta desgracia.