Hoy me ha defecado una paloma.
Caminaba por el parque
cuando de pronto sentí algo tibio
sobre mi hombro, sí,
me había cagado una paloma.
Lo primero que me llegó a la mente
fue esa ira acumulada
en mis adentros; como la espuma
poco a poco se eleva hacia la cabeza
y todo el mundo me pareció desagradable.
¿Por qué permito que un pequeño evento
así me controle?
¿Por qué me dejo llevar por los mares de la furia
por algo que sencillamente pasó?
Porque así como me ocurrió a mí
le pudo pasar al niño de a lado,
o a la mujer embarazada que recibió
un mensaje de su marido abandonándola,
o al joven que le acaban de diagnosticar cáncer,
o al pordiosero que busca comida a diario.
¿Por qué algo que no puedo controlar me enoja tanto?
No es que no pueda evitarlo,
sino que estuve en el momento equivocado.
Y aun así, me da tanta rabia
el volver a lavar mi camisa,
el olor que desprendo,
o el desagrado que aparento
porque sí, el sentir la mirada asqueada
de las demás personas; sus burlas o
sus señalamientos me enojan más y más.
Aunque debo reconocer que detrás mío hubo un accidente
y en realidad
no es a mí a quién miran, sino al siniestro
que ocurrió después de la cagada.
Quizás deba de relajarme un poco
y no ser tan serio,
hay personas que pasan cosas
más desastrosas
y yo quejándome de esta desgracia.