Voy regalando cariño sin pedir explicación,
dejando trozos de mi alma en cada corazón.
No busco premios ni promesas al final,
solo que a veces me pregunto si alguien sentiría igual.
Entrego mis abrazos sin medida ni razón,
como un río que se desborda siguiendo su dirección.
Y aunque nunca exijo que me devuelvan lo que di,
hay noches en las que me pregunto quién lo haría por mí.
A veces temo ser tormenta bajo un cielo indiferente,
ser quien recuerda siempre y quien permanece presente.
Pero sigo abriendo puertas aunque puedan lastimar,
porque no sé otra forma de vivir que la de amar.
Quizá mi fuerza y mi herida sean la misma verdad,
dar con las dos manos, aun temiendo la soledad.
Y si algún día encuentro un corazón tan sincero,
que ame con la misma intensidad con que yo quiero,
entenderé que nunca fue demasiado sentir así,
solo estaba esperando a quien también eligiera quedarse aquí.