Rafael Parra Barrios

El OVNI

 

 

El OVNI

 

​Recientemente, mi hija Patricia me recordó un episodio que estaba en el baúl del olvido, referido a un fenómeno anómalo no identificado que me ocurrió, junto a un gran amigo, a finales de la década de los ochenta del siglo XX. Evocar esa experiencia significó reabrir una arcana interrogante que, con el pasar del tiempo, hoy goza de mayor claridad y respuestas que en aquel entonces.

 

​Todo comenzó la cálida tarde del viernes 7 de julio de 1989. Cerca de las 6:30 p. m., mi compadre Jorge Luis Morales y yo emprendimos el regreso desde Chivacoa, tras haber visitado a una entrañable amiga, colega y miembro del Movimiento Magisterial Social Cristiano, la licenciada Caridad González.

 

​Aquel fue un grato y fraterno encuentro. Junto a ella y su esposo, el licenciado Guillermo Muñoz, pudimos tejer una conversación amena y provechosa sobre temas propios de la amistad y del gremio. La velada se prolongó hasta las 8:45 p. m. cuando, al notar que la noche avanzaba, dispusimos el retorno hacia San Felipe.

 

​Nos despedimos y muy pronto tomamos la autopista Rafael Caldera. Viajábamos en un Chevrolet Monte Carlo a una velocidad moderada de 60 km/h cuando, de pronto, a la altura de la empresa Cerámicas Caribe, irrumpieron unas luces multicolores intermitentes en el horizonte nocturno que me cortó el aliento. Sorprendido, le expresé a Jorge Luis:

 

- ¿Estás viendo lo que yo estoy viendo?

 

A lo que él, intentando buscar una explicación lógica, me respondió:

 

- Sí. Es un avión y está buscando pista.

 

​Él disminuyó la velocidad del vehículo, pero el objeto volador se aproximaba cada vez más a nosotros. Rompiendo la racionalidad, exclamamos casi al unísono:

 

- ¡Es una nave espacial! ¡Allí viene, allí viene!…

 

​Gritamos con desesperación. Ante tan inexplicable circunstancia, Jorge Luis frenó y retrocedió el vehículo en medio del pánico. En ese instante, vimos cómo la estructura se elevó con majestuosidad y se fue esfumando lentamente en el cielo nocturnal. Anonadados, nos miramos en la penumbra y sentenciamos: en definitiva, es un OVNI.

 

​Arrancamos de nuevo y avanzamos lentamente por la autopista. Sorprendidos y con la mirada trastocada por la psicosis del impacto, nuestros sentidos empezaron a jugarnos ilusiones ópticas. El asombro y el misterio se quedaron flotando en el habitáculo del Monte Carlo; estábamos desencajados y sensibles. Al ver un mínimo destello o una simple luciérnaga en la oscuridad, decíamos con temor:

 

- ¡Allí viene otra vez! o ¡allá va!

 

​En medio de aquella preocupación, intenté romper la tensión y comenté:

- Lo que falta es que aparezcan unos marcianos.

 

A lo que mi compadre replicó de inmediato:

 

- Déjese de vainas, compadre. ¡Suficiente con el susto vivido! 

 

​Lo cierto fue que, durante ese corto trayecto de regreso, contemplamos a un Yaracuy surrealista y misterioso. Cuando por fin entramos a San Felipe, el mutismo sepulcral se apoderó de nosotros. Cabizbajos, decidimos recogernos temprano. Nos olvidamos por completo del tradicional viernes de aroma que nos tenía en agenda un ágape con otras amistades en el Club Social San Gerónimo de Cocorote.

 

- Qué va, nada de eso; vamos directo a casa-, asentimos.

 

​Al llegar, le contamos a la familia los pormenores de la experiencia. Las reacciones fueron diversas: algunos, incrédulos, se reían; otros decían que era un mero invento. En mi caso, solo mi hija Patricia, que para entonces tenía 13 años, prestó atención. El relato caló tanto en ella que nunca lo olvidó; desde aquella noche, despertó un profundo interés por la temática ufológica, la cual investiga constantemente y se mantiene al día.

 

​Realmente fue una noche cósmica y extraterrestre. Nos conmovió y nos demostró que existen otras vidas inteligentes distintas a las humanas en la Vía Láctea. Aquel suceso  luminoso fue, en esencia, un regalo de Dios que quedó grabado para siempre en nuestro ser.

 

Hoy en día, la NASA y el propio gobierno de los Estados Unidos catalogan este tipo de eventos como Fenómenos Aéreos No Identificados, planteando la necesidad de implementar análisis científicos riguroso que algún día esclarescan la verdad de estos avistamientos que continúan causando grandes debates y desbordando pasiones en todo el mundo.