Pasaron los años,
y tus manos ásperas aún rozan mi piel.
Quisiera lanzarme a tus brazos,
y que me envuelvas con tu calor.
Abrázame fuerte,
que no olvide tu olor.
Veo tus ojos en los míos,
y las pecas que dejaste en mi mejilla.
Tu voz, que nunca pronunció mi nombre,
y solo emitía amor,
ya no volverá.
Abuela, me dueles tanto,
que recordarte quema.
No te digo adiós,
te quiero siempre.