Llamaste sin querer:
entrando en mi vida
a lomos de tus versos…
Y desde ese mismo instante
supe que mi destino, amor…
era volver a esperarte.
Te seguí,
a ciegas al principio…
en amor encendido después,
cautivo
por esa mirada tuya
desde aquel día
en que tú,
(buscando mis ojos)
me dejaste mirarte.
y aquí sigo, amor…
con mi ritual de cada tarde:
bajo a la ventana
que aún respira tu recuerdo…
Esa…
donde por última vez
escribiste mi nombre,
y me asomo a esperarte
como he hecho desde entonces…
y al estar allí esperando,
casi puedo sentir
el calor de tu luz
al mirarme a los ojos.