El viejo sauce lloraba
no anidar al ruiseñor.
El invierno y su rigor
sus frágiles ramas helaba.
Su verde copa faltaba
para cubrir aquel nido,
el ave desguarnecida
en sus entrañas buscaba.
Sin descanso trabajaba
la oquedad en su corteza,
y la recia fortaleza
con su pico la horadaba.
El llorón agradecido
con tan grata compañía,
inclinándose pedia
ser su manto bendecido.
Se oyeron trinos de estreno
ecos de nuevos cantares;
un mundo de mil colores
la vida brotó en su seno.
Classman