Siempre antes del suelo
Me duelen los jamás del cuerpo,
el todavía me raspa los pulmones.
Somos un montón de escombros con nombre propio.
La soledad no es un cuarto,
es un traje de hierro oxidado,
y me queda estrecho en el pecho,
me asfixia en martes.
Cuánto plato vacío,
cuánto huérfano con padres vivos.
Me he descosido por el lado izquierdo,
se me escapan los mañanas
por el dobladillo del pantalón.
Mírame las manos:
están llenas de nada,
pesadísimas de nada.
He venido a devolver este latido defectuoso.
No lo quiero,
me ensordece las sienes.
Me desnazco,
me retrocedo a golpes.
Aquí no hay cama que aguante el peso de un fantasma.
Me quedo de pie, cayéndome.
Siempre cayéndome,
siempre antes del suelo.
Autor
© Nelly Cevallos-Liora
9 de julio al año 2026