Mi lenguaje es sencillo y cotidiano:
Amar la flor,
descubrir el campo,
escuchar al jilguero,
ver correr las aguas del río.
Sumergirme en la meditación,
esperar el tren,
encender la radio y beber café.
Soportar el hastío,
salvaguardar la paz,
atesorar la alegría.
Llorar... llorar de vez en cuando.
Soñar y, después, soñar.
Descifrar los días,
liberar mi espíritu
y abrazar la existencia.