Noa Subin

El arte de la palabra viva

El arte de la palabra viva

 

 

En la quietud de la noche, o en el sol del mediodía,

surge la voz que busca eco en el vasto silencio.

No es solo tinta sobre blanco, ni palabra vacía,

es un latido del alma, un sentir, un incienso.

 

 

Leer es abrir ventanas a mundos insospechados,

es escuchar el eco de otras vidas, otros soles.

Escribir es ser ventana, es dejar brotes sembrados,

en la tierra fértil que espera las mejores flores.

 

 

La palabra es puente, es abrazo, es grito, es canción,

es el eco que une al que siente y al que escucha atento.

En ella se entrelaza la pena y la devoción,

el ayer que se fue y el presente, nuestro momento.

 

 

Así, en cada verso, en cada estrofa que nace,

hay un fragmento de vida que se ofrece y se comparte.

Un tesoro intangible que el tiempo no deshace,

el arte de la palabra viva, que siempre nos acompaña y nos sabe.

 

 

 

 

Escribimos porque el silencio arde, porque la palabra es llama que se enciende, porque el placer se disfraza de tinta y el deseo se vuelve verso.

Escribimos para quebrar los muros, para abrir grietas en lo establecido, para inventar sentidos nuevos que cambien la forma del mundo.

Escribimos para ser puente y herida, para ser abrazo y desafío, para que el texto mismo respire sin causa única, sin destino fijo.

Escribimos porque la vida lo exige, porque cada página es libertad, porque en cada frase se juega la posibilidad de transformar el alma.