Después que fuiste mía
Hoy que descubro, dentro, lo que por ti sentía,
me envuelve un sentimiento que no puedo negar:
porque al mirar que pasas después que fuiste mía,
con otro, la impotencia me lleva hasta llorar.
El pecho se acelera, sin conocer qué pasa
y el alma, poco a poco, destila una ilusión.
Así me voy muriendo como una vieja casa
que, en medio de la nada, no encuentra el corazón.
Solo el vacío queda, porque yo fui el culpable
de que te fueras lejos cuando no te entendí.
Hiciste lo posible; lo sé porque es probable,
por tanto, solo digo: perdón por ser así.
¿Qué puedo hacer? Pregunto, para volver a verte,
aunque es difícil todo, después de tal crueldad;
mientras este letargo me arrastra hacia la muerte,
mi vida se hace escombros y es mi necesidad.
Por eso no te obligo ni pido que regreses,
tampoco deshacerte de quien dices querer.
Si crees necesario, tan solo piensa, a veces
mejor es el silencio que echar todo a perder.
Samuel Dixon