Charles bukowsiki, Jaime sabines y José José no pueden estar equivocados. No... no pueden. Siempre que entraban en ese estado de ebriedad hablaban de la mujer más hermosa. Los tres. Siempre la misma. Y, ¿sabes?... yo creo que eres tú.
Pelo rizado... no, rizos. Rizos negros. Una risa que hacía ruido, de ese ruido bonito. Caderas afiladas y un par de pechos perfectos que llevaban un punto final en forma de lunar. Piel canela. Talante firme. ¿Ya hablé de sus rizos?... ¿o de sus pechos? No sé. Creo que sí. Da igual.
Empiezo a pensar que el veneno que ellos bebían era el mismo. O la musa era la misma. No... la musa no. Era el veneno. Sí, el veneno.
¿Era vino? ¿Cerveza? ¿Licor? No... eran rizos, pechos y sonrisas. Si eso era el veneno... entonces yo también quiero beber.