Pesa mi sonrisa y muerto vivo.
Hoy no quiero.
Deprimo carozo, suave y envinagrado,
quemando un fuego indiferente
de risas enlatadas.
Ya el pasar me retrocede,
que tanto da por ser.
Mas no vive quieto; de hoy precede
el carisma de melancolía,
la psicosis alegre.
El cantar que se apaga,
la música se corta. Y ahora,
el fracaso en mi verso
es proyección del final,
de un artista sin razón.