Desde la plaza puedo ver
el presente
sentir el desconcierto
por lo nuevo
por esa forma de ser
tan diferente
los rostros de ahora
las nuevas costumbres
la vida siguiendo su curso
sin pedirme permiso...
Haciendo caso omiso
de mi extrañeza
(pero sin tristeza)
el pasado se presenta
en fragmentos de recuerdos
en vivencias lejanas
que aún huelen, gozan, sienten
se perciben. en el cuerpo
como si recién sucedieran...
Es el mismo escenario
donde de niña recitaba
poesías en los actos
donde me tomaron fotos
en mis quince años
donde nos reuníamos
a matear con mis amigas
en el banco de los jubilados...
Donde descubríamos el amor
jugando a besarnos
con pasión adolescente
donde cada septiembre
celebramos la fiesta del pueblo
donde algún febrero
presenció mi casamiento ...
El mismo pueblo
el mismo escenario
donde mis hijos más tarde jugaron
donde repitieron vivencias parecidas,
la plaza siempre fue
y sigue siendo
el centro de tantas vidas...
(Esa misma vida que te lleva
por otros lugares
pero siempre vuelves)
En esta tarde de invierno
sentada en un banco
con mi hija y mi nieto
en su vientre
puedo ver también el futuro
y lo imagino al él
sonriente
corriendo y jugando...
En la misma plaza
en el mismo pueblo
en el mismo escenario
pisando las mismas baldosas
que mis pies de niña pisaron...