Entregué mi corazón,
y todo salió mal;
el cielo se equivocó,
pero mi amor fue de verdad.
Desde el día en que te fuiste,
mi alma no deja de sangrar,
porque alguien borró el camino,
que juntos solíamos andar.
¿Por qué te arrancaron de mi vida
sin siquiera preguntar?
Yo sigo amándote en silencio,
y no te puedo olvidar.
Las noches se hacen eternas,
no encuentro cómo descansar;
cada estrella me recuerda
que un beso fue el comienzo
y un adiós, el final.
A veces le hablo a Dios,
como quien vuelve a rezar;
le pido que te diga en secreto
que te sigo queriendo igual.
Y si algún día el cielo se apiada
y nos volvemos a encontrar,
continuará aquella historia,
que nunca debió terminar.