Ricardo Antonio

LA CASA DEL VIENTO

No llegaste.

Y, sin embargo,

desde entonces
la tarde aprendió tu manera de quedarse.

Hay una silla
que conserva la forma de una espera,
un libro
que abre siempre la misma página,
y un reloj
que ha olvidado el oficio de las horas.

No sé en qué instante

tu nombre dejó de ser un nombre

para volverse
esa lámpara encendida
que uno recuerda
cuando la noche todavía no ha llegado.

A veces pienso

que el amor
no consiste en tomarse de las manos,

sino en descubrir
que el mundo cambia de sitio
sin mover una sola piedra.

Desde que existís,

los árboles
inclinan un poco más sus ramas
sobre el camino.

La lluvia
cae con una paciencia distinta.

Hasta el viento
parece entrar en mi casa
preguntando por vos.

Y entonces comprendo

que amar

es permitirle a la ausencia
ensayar la forma de una presencia,

como el mar
que deja su respiración
mucho después de retirarse de la arena.

Si algún día te fueras,

no te buscaría
en las fotografías,

ni en las cartas,

ni en la memoria.

Te encontraría

en esa manera nueva
que tienen las cosas sencillas
de parecer eternas.