Pretextos y laceraciones mandibulares
en el legendario desvelo de la arteria del canto
madrugan en mi herida del horizonte refractario,
que hoy ha pasado a ser de nadie.
El artificio simula cada día su tensión.
Una fábula se carcajea con hocico de hiena
sobre velas y maquillajes,
entre aromas necios de mala muerte.
Entrañas geométricas, bajo un disfraz perpetuo,
alegan desde cascarones de orgullo agrietado,
mientras retratos de existencia plástica mendigan
los manjares de la niebla.
Son las hormigas del ritmo nocturno
que, con la gentileza secreta de la tierra,
descosen la leña amenazante
de la ortofonía ovalada
y restituyen en mí
lo que la mentira se llevó.
Con la hora reticular,
los mosaicos terroríficos anudan
los espacios de la risa.
Su fricción furtiva se dilata
y recrudece hasta destrabar, con impaciencia,
el destierro de mi presencia.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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