¿Qué me importa que seas tú juiciosa?
¡Tú sé bella y sé triste! Que al llorar
tu mirada pacífica de rosa
vierta un río y un sol de lumbre hermosa
bajo la fiebre ardiente del jaguar.
Cuando llorando suelte tu semblante
un hechizo sangriento al corazón,
mi calavera, en tu pasión galante,
beberá tu mortal y vil sedante
hasta hundirse en la mar de tu pasión.
Te amaré cuando viertas en tu vista
ese fresco y violento manantial
de aguas templadas ricas de amatista,
y te amaré en tu efigie idealista,
hasta verter mi Nilo de cristal.
Te amaré cuando, por la rosaleda,
con un río de olvido carmesí,
se te decore con intacta seda,
que pase por montaña y arboleda
con un óleo ardiente de alhelí.
Te amaré como seas: triste, hermosa.
¡Tú sé tú, bella o triste! Que al mostrar
tu celestial belleza peligrosa,
rieguen ríos mis ojos a tu rosa
bajo la fiebre ardiente del jaguar.