Cada paso, cada pérdida, cada abrazo, ha dejado una huella que mis ojos reconocen.
Frente al espejo no encuentro la perfección.
Encuentro a alguien que sigue levantándose, que todavía cree en la esperanza aunque el camino sea incierto.
Y entonces comprendo que el verdadero reflejo no está en el vidrio, sino en la fuerza silenciosa con la que mis ojos aprenden, cada día, a mirarse con verdad.
--------------
Rafael Blanco López
Derechos reservados