Metido en esa vieja pantalla,
con tu uniforme de azul brillante,
una capa roja que al viento estalla
y una enorme \"S\" siempre adelante.
Eras tú, Superman, mi gran guardián,
quien me enseñó una ley transparente:
que los malvados su castigo tendrán
y que siempre se defiende al inocente.
Mirándote aprendí a soñar de niña
con lo que sería un amor verdadero:
limpio, puro, protector, sin riña,
un refugio dulce, tierno y sincero.
Un día te escapaste de la televisión,
volaste hacia el azul de la distancia,
pero te quedaste en mi corazón,
¡mi eterno Superman de la infancia!