Tu cuerpo de diosa,
territorio prohibido
que no se contempla…
se desea.
Invitas a pecar
sin decir una palabra,
a rendirse,
a caer sin defensa
y morir en tus brazos
como quien encuentra su destino.
Tu voz
cálida, lenta, inevitable,
dulce como una melodía
que no se escucha…
se siente.
Y al oírla,
todo se desordena.
Trastorna,
envuelve,
se queda latiendo en la piel
como un eco que no se apaga
incita…
no solo al amor,
sino a perderlo todo
por un instante en sus brazos.
NM de la Rosa
(México)
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