Desde lejos con el alma,
sin palabras y en silencio,
aprendí cómo se ama
la tierra que llevo dentro.
En la cuenca del rio Sil,
valles, montes y viñedos,
lugares donde lo hostil
hizo vencer a los miedos.
Siempre quise respirar
el aire de su montaña,
donde el zarzal se enmaraña
y oyes al búho cantar.
Entre hayas y castaños,
el urogallo corteja
con esos sones extraños
que su presencia nos deja.
Se estremece el corazón
al recordar los mineros
que en aquellos agujeros
extraían el carbón.
Hoy vuelvo a rememorar
mi etapa de adolescente,
el recuerdo de esa gente
siempre me va a acompañar.
Classman