El diablo.
Aquel que me mira con tantos ojos.
Aquel que no tiene
cola ni cuernos rojos.
Aquel que va de aquí y allá,
solo.
Y solo él
sabe a dónde va.
Aquel que siento mío.
Tan solo mío,
como algo que nunca cambia,
que nunca se va.
Solo me busca, a veces,
con los ojos en calma
o en pena.
Tan solo esperando,
en silencio.
Como si no lo viera.
Como si no muriera.
Como si no pesara.
Como si no me pesara.