Soneto
Callaba Dios… No porque no quisiera,
ni porque el Hijo fuese abandonado;
callaba porque el Verbo, ya clavado,
hablaba donde el hombre nunca oyera.
Temblaba el orbe entero, y la madera
alzaba al Inocente sentenciado;
el Padre, con el pecho traspasado,
bebía el cáliz que el Amor vertiera.
¡Qué inmenso fue callar pudiendo el Cielo
rasgar la historia con un solo aliento
y hacer ceniza el odio de la tierra!
Mas quiso responder con otro vuelo:
dejando que venciera el sufrimiento,
para vencer la muerte desde ella.
Rosa María Reeder
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