A las mujeres no les gusta los versos
Duran más unas rosas en sus manos
Que un poema en sus ojos.
Tratan con desdén la fugitiva palabra
Y aplastan ineditamente la magia detrás de él.
Opacan la dicha, opocan al hablante Aedo.
Pero que puedo decir respecto a ello
Si ellas son el poema mismo.
La prosa inicia con sus nombres
Y termina en sus manos.