Yael Samuel Cardona gil

¿Qué se puede hacer?

A las mujeres no les gusta los versos

Duran más unas rosas en sus manos

Que un poema en sus ojos.

 

Tratan con desdén la fugitiva palabra 

Y aplastan ineditamente la magia detrás de él.

Opacan la dicha, opocan al hablante Aedo.

 

Pero que puedo decir respecto a ello

Si ellas son el poema mismo.

La prosa inicia con sus nombres

Y termina en sus manos.