Yo soñé una tierra alegre
sin dolores y sin penas.
Y soñé que era bonita,
como el brillo de una estrella.
La soñé tan elegante
con sus rizos que eran hiedras,
adornando aquellas calles
empedradas y de tierra.
Y aquel pueblo que recuerdo
lo revivo con veredas,
con sus bosques y cañales
y también unas moliendas.
En las tardes caminaba
y apreciaba sus praderas
con sus lomas verdecidas
y sus árboles de almendras.
Construyendo iba castillos
con marcadas inocencias
como fruto de la infancia
que imagina buenas nuevas.
Y de tanto que soñaba
de algo no me daba cuenta
que mi tierra ya era hermosa
y la extraño en mi poema.
Hoy mi pluma con su verso
algo bueno a mí me enseña
y lo dejo por escrito
en mis resumidas letras...
«Muchas veces cada sueño
nunca ve lo que está cerca
y al pasar luego los años
más se añoran cosas viejas...»